No se sí sepas cual.
Pues cuando estábamos tan cerca en espíritu que a pesar de la distancia física sentía los latidos de tu corazón por dentro de mi corazón.
Yo con mi cabeza en tu hombro. Y vos detrás de mi y yo descansando allí sentada en tus brazos.
El silencio tan rico que no queríamos romperlo con ningún movimiento, ninguna palabra, ningún suspiro.
Sólo descansando en la tranquilidad inmensa que es compartir un momento con vos.
Casi como si hubiéramos sido amantes en tres mil vidas anteriores. Mi alma completamente relajado con el tuyo.
Sin embargo, en ningún momento hay toque, ni roce sensual, ni ha habido, ni habrá.
Sólo el descansar en tu presencia, tal como vos descansas en la mía.
Y allí nuestro silencio hace el amor solo con su estar. Y sin nada... Sin palabra, sin cuerpo, sin explicación, mi alma te agradece por un amor que nos ha durado tres mil vidas y que nos durara tres mil vidas más.
Sin necesidad de tocarse jamás.
Sin necesidad de hablar jamás.
Y sin el vocabulario de hacerle al mundo entender.
A eso le llamo amistad de alma. A eso le llamo cosa que es demasiado grande para empezar a describir con palabras.
A eso, le llamo: vos.


